Cuando el bonus va por libre: una comedia (casi) absurda de la dirección comercial

En un mundo ideal, los objetivos del equipo comercial, los incentivos y los objetivos estratégicos de la empresa caminarían de la mano, al ritmo de una banda sonora épica de superación corporativa.
En el mundo real… a veces, a cada uno nos ponen una playlist distinta.

Y ahí empiezan los problemas.

Capítulo 1: “Tranquilos, que esto puntúa”

Nada une más a un equipo comercial que una frase mágica:

“Eso suma para el bonus.”

Da igual que el cliente no encaje, que el margen sea microscópico o que el equipo de operaciones esté ya al borde del colapso. Si suma para el incentivo, se convierte automáticamente en prioridad … aunque la estrategia real vaya justo en la dirección contraria.

Resultado:

  • Ventas muy celebradas en el corto plazo
  • Dirección financiera respirando en una bolsa de papel
  • Y alguien en dirección general preguntándose por qué “no cuadra nada”

Pero oye, el Excel del bonus está PRE CIO SO.

Capítulo 2: El deporte extremo de cerrar lo que sea

Desalinea objetivos y bonus y verás magia negra: el equipo entra en modo supervivencia. Adiós visión a largo plazo, hola “cierro esto y luego hablamos”.

Clientes:

  • Que pagan tarde (o no pagan…)
  • Que piden descuentos imposibles (y que los aceptamos)
  • Que consumen el triple de recursos

Que nunca deberían haber entrado. Pero entran. Porque entran en objetivo. En el objetivo comercial, que por muy surrealista que parezca, va y resulta que no es el mismo objetivo que tiene la empresa.

Manda

Capítulo 3: El margen es un concepto filosófico

Si el bonus premia volumen, facturación o número de operaciones… pero no margen, no rentabilidad ni calidad, el mensaje es claro aunque nadie lo diga en voz alta:

“Vende. Ya veremos luego si ganamos dinero.”

Spoiler: luego casi nunca se ve.

El equipo comercial no es irresponsable, es racional. Hace exactamente lo que el sistema le está pidiendo. El problema no es el comercial que quema precios, es el incentivo que le aplaude por hacerlo.

Capítulo 4: El bonus como generador de conflictos internos

Cuando los incentivos están mal alineados, empiezan las guerras silenciosas:

  • Ventas vs. Operaciones
  • Ventas vs. Finanzas
  • Ventas vs. Postventa
  • Ventas vs. “todo aquel que frena algo”

El comercial siente que los demás “no entienden el negocio”.
Los demás sienten que ventas “promete cosas que no existen”.

Y nadie está del todo equivocado.

Simplemente, cada uno está optimizando para sobrevivir en su propio sistema de objetivos.

Capítulo 5: La gran sorpresa de final de año

Llega diciembre. Se revisan números.
El equipo comercial ha cumplido (o incluso superado) objetivos.
Hay que pagar bonus. 🎉

Pero:

  • La rentabilidad no es la esperada
  • Los costes se han disparado
  • La calidad del cliente ha empeorado
  • La tasa de abandono de clientes hace gimnasia olímpica

Y alguien pregunta la frase clásica:

¿Cómo puede ser que vendamos más y ganemos menos?”

Respuesta corta: porque estábamos incentivando a vender más, no a vender mejor.

Moraleja

Los incentivos no solo motivan comportamientos.
Los crean.

Y si los objetivos del equipo comercial y su bonus no están alineados con los de la empresa:

  • No tienes un problema de personas
  • Tienes un problema de diseño

Un mal sistema convierte a buenos profesionales en especialistas en hacer exactamente lo que no te conviene.

Entonces… ¿qué sí funciona?

Sin ponerse demasiado intensos, algunas ideas básicas:

  • Que el bonus refleje rentabilidad, no solo volumen
  • Que mida calidad de cliente, no solo cantidad
  • Que tenga en cuenta el impacto a medio plazo, no solo el cierre
  • Y que el comercial gane cuando la empresa gana.

Porque cuando empresa y equipo comercial reman hacia el mismo sitio, pasan cosas rarísimas:

  • Menos conflictos
  • Mejores clientes
  • Más sostenibilidad
  • Y sí, también mejores resultados

Casi magia. Pero de la buena.

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