En el vasto ecosistema empresarial, donde conviven hojas de Excel, cafés de máquina de vending y planes estratégicos que nadie recuerda (y muchos menos leen), existe una enfermedad silenciosa, persistente y peligrosamente contagiosa: el síndrome del “esto siempre se ha hecho así”.
No figura en ningún manual de medicina, pero debería. Porque si algo tiene capacidad de paralizar una organización entera, más rápido que un mensaje por Teams de tu jefe diciendo «tienes un minuto«, es esa frase.
¿Qué es exactamente este síndrome?
El síndrome del “esto siempre se ha hecho así” (ESHA, para los amigos del PowerPoint) es una patología organizativa caracterizada por:
- Rechazo automático a cualquier idea nueva
- Defensa irracional de procesos obsoletos
- Uso frecuente de frases como:
- “No compliquemos las cosas”
- “Esto ya lo intentamos en 2007”
- “Aquí no funciona así”
Suele aparecer en empresas, o más bien en personas, con cierta actitud de “yo ya he visto de todo” (aunque lo que han visto sea S I E M P R E lo mismo), que además te miran con cara de «túesquenoteenterasguapa«
Principales síntomas
Detectarlo a tiempo puede salvar tu negocio (o al menos tu paciencia). Aquí algunos signos claros:
1. Procesos eternos para decisiones simples
Para aprobar un cambio de color en un botón hacen falta tres comités de expertos, mutidisciplinares, dos validaciones y un powerpoint (o dos)
2. Innovación cosmética
Se cambia el logo, se lanza una newsletter… y se declara “transformación digital completada”, con un par.
3. Miedo irracional al cambio
Cualquier propuesta de mejora es vista como una amenaza existencial.
“¿Automatizar? ¿Y si funciona?”
4. Argumentos históricos como única defensa
No importa si el contexto ha cambiado, si el mercado ha evolucionado o si los clientes están huyendo:
“Esto siempre se ha hecho así” sigue siendo el argumento final.
¿Por qué es tan peligroso?
No hace ruido. No genera conflictos. No rompe nada… pero tampoco mejora NADA. El mundo cambia, pero tu organización no, se degrada poco a poco, y se queda obsoleta.
Y mientras tanto:
- La competencia innova
- Los clientes evolucionan
- El mercado cambia
Pero tú sigues haciendo lo mismo. Perfectamente. Eficientemente. Irrelevantemente.
Tratamiento recomendado
No es fácil, pero hay esperanza. Aquí algunas terapias efectivas:
1. Exposición controlada al cambio
Empieza con pequeñas mejoras. Algo manejable. Que no provoque un infarto organizativo.
2. Pregunta incómoda (pero poderosa)
“¿Por qué hacemos esto así?”
Si la respuesta empieza por “porque siempre…”, ya tienes diagnóstico.
3. Incorporar “herejes” al equipo
Gente que pregunte, cuestione y moleste un poco.
Sí, incomodan. Pero también hacen avanzar. Me encantan los preguntones y los que se cuestionan el por qué de las cosas. Son muy valiosos en una organización.
4. Premiar el intento, no solo el resultado. Este punto es clave, y merece alguna línea extra.
Si fallar es pecado, nadie intentará nada nuevo.
Si equivocarse está penalizado, lo que realmente estás premiando es no hacer nada. Y eso, curiosamente, suele ejecutarse a la perfección.
Las organizaciones que de verdad avanzan no son las que aciertan siempre (eso no existe), sino las que toman decisiones, prueban, se equivocan y vuelven a intentarlo con algo aprendido por el camino. Porque decidir implica riesgo, y el riesgo implica, inevitablemente, fallar alguna vez.
El problema no es equivocarse. El problema es construir entornos donde nadie se atreve a decidir por miedo a las consecuencias. Ahí no hay errores… pero tampoco progreso.
Hay que dejar margen para probar, para ajustar, para rectificar. Porque en dirección —ya sea comercial o general— no se trata de evitar todos los errores, sino de cometer los suficientes como para no quedarse parado.
Al final, si quieres resultados distintos, alguien tendrá que hacer algo diferente. Y sí, eso incluye equivocarse por el camino.
Efectos secundarios del tratamiento
Advertencia: aplicar estas medidas puede provocar:
- Mejora de procesos
- Aumento de la eficiencia real
- Equipos más motivados
- Clientes menos confundidos
En casos extremos, incluso innovación de verdad.
Conclusión
El síndrome del “esto siempre se ha hecho así” no es una tradición. No es cultura corporativa. No es experiencia.
Es, simplemente, una excusa cutre para no pensar.
Y en un entorno donde todo cambia, hacer siempre lo mismo no es estabilidad… es quedarse atrás.
Si en tu empresa has escuchado esa frase más de tres veces esta semana, no entres en pánico. Pero tampoco te relajes.
La infección ya ha empezado.

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